19-S Crónica de una tragedia propia



Texto y foto: Enrique Serna
@esernamx


Redacción MX Político.- Para muchos resulta difícil o imposible creer que él no perciba los movimientos telúricos por intensos que sean, ocasionalmente puede sentir un ligero balanceo o tiene que observar el entorno para identificar un sismo.

Aquel martes, a la una de la tarde con trece minutos todo estaba listo para regresar a la transmisión luego de un corte, pero el conteo quedó interrumpido por la alerta del camarógrafo.

- Cinco, cuatro, tres,...
- Está temblando güey
- No mames, cómo crees
- Neta, está temblando
- Cómo crees, “cuadro” - insistió para dar la voz al conductor

Ya al aire, como le ocurrió a Lourdes Guerrero en esa histórica transmisión de 1985, el conductor anunció, “en estos momentos está temblando en la Ciudad de México, es un sismo fuerte el que se siente aquí en el centro de la capital”; imposible mantener la calma, sobre todo cuando las mamparas del foro chocaban entre sí y había que esquivar las pesadas lámparas que caían del techo, tuvieron que desalojar. Apresuradamente salieron del foro para cruzar la redacción entres sillas que sin control impactaban las paredes. Sin oportunidad de evacuar se amotinaron con el resto de sus compañeros, inútil intentar salir del piso 15 de una de las torres de Paseo de la Reforma. Entre llantos y lamentos de terror, lo mejor fue regresar al foro y desde las alturas ver con espanto una ciudad que parecía bombardeada.

Como por arte de magia, en el foro apareció Ricardo Monreal, entonces jefe delegacional en Cuauhtémoc, el sismo le sorprendió en un recorrido por la colonia Juárez. Gracias a una improvisada pero bien lograda entrevista a cargo de Manuel Zamacona, el político daba los pocos pormenores que hasta el momento conocía.

Instantes después de las dos de la tarde, tras varios minutos de ocurrido el sismo y recién terminada la transmisión noticiosa, salieron del edificio para sumergirse en el mar de incertidumbre y tristeza que inundaba Reforma y calles aledañas.

Con Zamacona y el jefe de información, él no pudo contener el instinto reporteril y juntos iniciaron un recorrido a pie por las zonas siniestradas. En la inmediata Zona Rosa todo era desorden, “por favor no fumen, huele mucho a gas”, advertía más de uno ante las aparente indolencia de curiosos. Líneas telefónicas colapsadas, sirenas de emergencia por doquier, mucho polvo, transporte público detenido y un sol inclemente completaron el catastrófico escenario, el peor recordatorio de lo que vivió la ciudad exactamente 32 años atrás.

Como si el destino hiciera un reclamo a los incrédulos capitalinos que momentos antes desdeñaron un simulacro cuyo principal objetivo era, precisamente, evitar futuras tragedias. Pero la naturaleza es implacable y en breves minutos les recordó su frágil realidad. No hubo lugar para la paradoja y el aprendizaje, si lo hubo, otra vez resultaría sumamente costoso.

Tras recorrer las colonias Roma y Condesa, una llamada le provocó congelantes sudores.

- Bueno, ¿cómo estás?, ¿dónde andas?
- Voy caminando, se derrumbó el edificio
- ¿Qué?
- Se cayó el edificio y mi hijo no me contesta, estaba adentro
- …
- No se que hacer

Aunque el Metro había reanudado el servicio él decidió caminar hacia donde esa mañana había dejado su hogar y su vida, pero entre escenas dantescas parecía que sus pasos no tenían rumbo ni sustento, el piso y la razón dejaron de sentirse por momentos, los sonidos se ahogaron en silentes introspecciones, ¿qué fue lo que pasó?

Luego de cruzar Narvarte, Portales, Zapata, Coyoacán; con un pardo atardecer sobre sus espaldas se aproximaba a Tasqueña y sin saber por qué, un inexplicable nerviosismo se apoderó de él. Ya de noche, a escasas calles de llegar, la oscuridad y el bullicio eran absolutos. Paso a paso intentaba identificar el hueco que dejó lo que horas antes era su edificio, ahora aplastado.

Miles de corazones y brazos que ayudaban a remover escombros no lograron hacerlo sentir acompañado, la sensación de soledad era abrumadora; entre el bullicio buscó sin éxito una persona conocida, pero eran caras sin rostros.

Su búsqueda se diluía entre luces de linternas, gritos, maquinaria, horror. En un momento de claridad se dirigió a un albergue improvisado en una iglesia adyacente a la Unidad Habitacional.

- Señorita, señorita; sabe si hay alguna lista de personas damnificadas, busco a alguien
- Si, hay una lista, a quién busca
- Gracias, sus nombres son estos
- Disculpe señor, no tengo a nadie registrado con esos nombres, ¿seguro que están aquí?

Regresó al torrente de voluntarios, curiosos y buscadores, igual que él. Como un milagro su mirada se cruzó con otra vista que escudriñaba la oscuridad. Por fin, eres tú, estás bien; sin otra palabra vino un abrazo reparador, reconfortante, buen agorero y esperanzador.

- Ya encontré a mi hijo, está bien.

El alma volvió al cuerpo, era hora de ayudar pero ahí no lo permitieron. Fortalecidos tras el encuentro, sin dudarlo se dirigieron a la zona de Zapata, donde junto con miles más ofrendaron su esfuerzo para ayudar a salvar una vida más.

Pero la noche del 19-S implicó situaciones que si bien antes parecían insignificantes, en ese instante fueron todo un reto, donde dormir, donde asearse; para esos momentos un cepillo de dientes era ya un lujo. Por fortuna, no faltaron quienes ofrecieron más que una mano, un corazón abierto, abrigo y alimento.

La mañana del miércoles y los días subsecuentes no fueron menos estresantes. Humanamente, en el canal se le permitió ausentarse esa semana, naturalmente para intentar resolver lo que aún se podía, sin saber que encararía, quizá, el mayor desafío de su trayectoria, relatar su propia tragedia y la muerte de sus vecinos, de quienes se despidió un día antes. Los enlaces fueron desgarradores.

- “Desde una de las zonas siniestradas, informamos que de acuerdo con personal de Protección Civil, aún se encuentran aproximadamente cinco personas que quedaron atrapados entre los escombros”.
- “Hace unos momentos pudimos ver cómo sacaron los cuerpos de dos pequeños, hermanos que lamentablemente terminaron sus días con un abrazo eterno”


Pero también hubo noticias alentadoras, cuando los puños se levantaron para pedir silencio y tras ello, aplausos, ¡¡¡¡¡uno vivo¡¡¡¡¡

La semana terminó, el sábado llegó con otra alerta sísmica que estremeció cada molécula del cuerpo y llenó las calles de gente; nada pasó, sólo otro recordatorio, para tener presente que todo puede terminar en menos de 20 segundos, el tiempo que tardó en caer el ahora icónico 1-C del Multifamiliar Tlalpan, donde muchas vidas quedaron y otras sin querer tomaron un rumbo distinto, para el que no estaban preparadas.


esm