Recetario canero, las recetas de las mujeres presas en Santa Martha Acatitla

 


Redacción MX Político.- La palabra “canero” no está en el diccionario pero se refiere a lo carcelario. Ese es uno de los tantos vocablos del argot en aquellos espacios estigmatizados y sombríos. “Lo crudo, lo cocido y lo finamente picado. Sabores y sinsabores de las mujeres en prisión. Recetario canero” es un proyecto de las presas de Santa Martha Acatitla en la delegación Iztapalapa de la Ciudad de México.

En él no solo hay procedimientos para cocinar, escritos, descritos e ilustrados por 30 de las mil 300 reclusas en este penal, con sus palabras, expresiones, narraciones y sentires: este documento es una radiografía creativa para conocer testimonios, de primera mano, sobre un entorno que coharta desde la libertad de movimiento hasta los placeres más sencillos y cotidianos como lo es beberse un café o comerse una salsa.

La investigadora añade que las recetas compiladas en este libro son manuales de cómo lidiar con el castigo, la ausencia, las prohibiciones y la soledad, además de ser un instrumento de justicia restaurativa de apoyo entre las mujeres. En sus páginas se encuentra plasmada su creatividad y la urgente necesidad que tienen de comer con placer y de que la comida sea reparadora ante su adversidad diaria.




En esa penitenciaria no tienen cocina y se les da rancho, la forma de llamarle al menú de desayuno, comida y cena que ofrece la institución, pero que es inapetente y nada alentador visualmente. “Comer el rancho es triste: es un escenario más de tristeza en sus vidas”, dice Marisa. Este puede mejorarse, siempre y cuando se tenga dinero para pagar la cebolla extra para darle sazón o recocinarlo.

A su vez, solo tienen ingresos si las visitan o si trabajan por unos cuantos pesos. 70% de ellas no recibe ningún invitado, 90% son madres y 70% tienen entre 19 y 36 años: ser presa y ser mujer es un elemento significante de desigualdad. De ahí, la necesidad y la misión social de visibilizar sus condiciones hacia el exterior, hacia las autoridades y de que ellas mismas reflexionen sobre sus contextos y marginalidad.

La urgencia social es la alimentación con dignidad. Sí, son mujeres que han cometido delitos, pero también tienen el derecho de tener un buen menú, el derecho de aprender, de sentir placer, de tener buena asesoría legal y menos injusticia. “Invitaría a que pensemos en este resguardo qué significa comer y a que piensen en las presas, que ahora más que nunca tienen que pasar sin buenos momento día tras día, sus jornadas son de mucha aridez”, finaliza Marisa.




**Información de medios **Foto: Especial


afm